Tras el humo de las antorchas de Gibraltar

El Peñón de Gibraltar visto desde España. En primer término, las colas que se han generado en las últimas semanas. http://www.elmundo.es

El Peñón de Gibraltar visto desde España. En primer término, las colas que se han generado en las últimas semanas. http://www.elmundo.es

En las últimas semanas ha vuelto a las portadas de las prensa, y a las bocas de los políticos, un nombre muy recurrente en la historia contemporánea de España: Gibraltar.

La situación actual.

La última crisis que ha afectado a las relaciones entre Madrid, Londres y el Peñón comenzó el 24 de julio, cuando remolcadores gibraltareños arrojaron a la bahía de Algeciras, en unas aguas reclamadas por ambos países, 75 bloques de hormigón. Cuatro son los aspectos a tener en cuenta si se quiere analizar esta crisis con el rigor necesario.

La hipocresía. La hipocresía del Gobierno español, que dice defender los intereses de sus conciudadanos mientras que los controles que ha situado en la Verja, como reacción al lanzamiento del hormigón, han ralentizado hasta en siete horas el paso de un lado a otro, provocando un claro perjuicio a los más de 8.000 habitantes de la Línea de la Concepción que trabajan en el Peñón. Además, la sociedad civil linense rechaza los controles. 

Hipocresía porque mientras dice que establece esos controles para luchar contra el contrabando (sobre el cual tenemos esta infografía, y ejemplos aquí, aquí y aquí), deja escapar impune el mayor de los contrabandos, el que hacen los Bárcenas de este país: el fiscal

Hipocresía por tanta reclamación sobre los 6´8 km2 que ocupa el Peñón de Gibraltar, y tan poca por los 39´5 que ocupan las bases militares estadounideses de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla).

Hipocresía por asegurar que defienden a los pescadores de la zona, a la vez que encallan el conflicto y las ayudas prometidas no llegan. Mientras tanto, dichos pescadores tratan de actuar por su cuenta, con más voluntad que éxito, como vemos en estas imágenes de El País.

Miguel Arias Cañete, ministro de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca. http://www.ondacero.es

Miguel Arias Cañete, ministro de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca. http://www.ondacero.es

Hipocresía porque se lanza a perseguir el bunkering -repostaje de barco a barco en el mar- en Gibraltar, mientras que el propio ministro de Medio Ambiente tiene intereses económicos en el sector, y su departamento es más que permisivo en otras aguas.

Hipocresía por tanto rasgar de vestiduras ante el posible delito medioambiental cometido con el lanzamiento del hormigón, mientras que su Ley de Costas desprotege amplias zonas del litoral español (analizada en el especial de verano de La Marea). Y a propósito del posible delito medioambiental hormigonero, Ecologistas en Acción, en un comunicado, señala que “se trata de una práctica habitual en el litoral peninsular y se ha hecho en distintas zonas de Andalucía para crear arrecifes artificiales que regeneren el fondo marino y los caladeros locales”, objetivo declarado del gobierno gibraltareño.

Sin embargo, dicho gobierno no se libra de la acusación de hipocresía, pues mientras se lanza en defensa de la biodiversidad de la

Fabian Picardo, Ministro Principal de Gibraltar. http://www.elmundo.es

Fabian Picardo, Ministro Principal de Gibraltar. http://www.elmundo.es

bahía de Algeciras, en la cara este del Peñon ha proyectado la construcción de un espigón, que se rellenaría para ganarle terreno al mar, y construir ahí un hotel y 2.500 apartamentos, algo que no parece muy adecuado para cuidar la biodiversidad marina.

Hipócritas porque mientras acusan al gobierno español de tener actitudes franquistas, en boca de su Ministro Principal Fabián Picardo, su gobierno es heredero y beneficiario de la ampliación progresiva que ha vivido Gibraltar, más allá de sus límites originales.

Hipócritas porque presumen de prosperidad económica, obviando que se basa en establecerse como una economía parasitaria, con un funcionamiento parecido al de un paraíso fiscal, con una baja fiscalidad, el juego y la especulación como pilares maestros.

Solo el gobierno británico se salva, por ahora, de la acusación de hipocresía, pues su postura es la más coherente: que impere la democracia, sea en Escocia o en Gibraltar.

José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, durante la entrevista para ABC. http://www.abc.es

José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, durante la entrevista para ABC. http://www.abc.es

España siempre pierde. Imaginemos que se desecha cualquier tipo de solución colegiada, del estilo del Foro Tripartito impulsado por el ex-ministro socialista Miguel Ángel Moratinos, celebrado por la ONU, y definido por el actual ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, como un “recreo. En ese escenario solo quedaría aplicar uno de los dos derechos posibles: o el derecho de autodeterminación, o el derecho a la cohesión territorial.

Si se aplica el derecho de autodeterminación Gibraltar sería definitivamente británico. La última vez que se preguntó a los gibraltareños fue en 2002. Los gobiernos de Londres y Madrid habían llegado a un acuerdo para ejercer la soberanía compartida sobre la Roca, asunto sobre el que se preguntó a los habitantes del Peñón, los cuales en un 98´48% rechazaron dicho acuerdo. Nada hace pensar que se haya producido un vuelco espectacular en su autoposicionamiento nacional. Además, se establecería otro importante antecedente para Cataluña.

Por el contrario, si se aplica el derecho a la cohesión territorial Gibraltar pasaría a ser español. Eso si, en contra de la voluntad de su población. Además, se establecería un claro precedente que podría aprovechar Marruecos, para reclamar su propia cohesión territorial, lo que afectaría a Ceuta y Melilla. Eso sin contar la utilización que haría Argentina en su batalla por la Malvinas frente al Reino Unido, que no podemos olvidar que es un socio europeo y aliado atlántico, lo que deja a la altura de ocurrencia absurda el posible frente común descolonizador hispano-argentino.

En definitiva, en un caso o en otro, España siempre pierde.

Carencias democráticas. Como dramático telón de fondo se sitúa la poca cultura democrática del gobierno español, que no acepta lo que los gibraltareños votaron, del mismo modo que no acepta que los catalanes decidan libremente su futuro. Frente a ésto, produce cierta envidia el moderno comportamiento del gobierno británico, que de la misma forma que defiende la elección de los gibraltareños, apoya que los escoceses decidan con sus votos si mantienen su dependencia de Londres.

Cortina de humo. Todo este asunto de Gibraltar no deja de ser una cortina de humo, y la hemeroteca es prueba de ello. La noticia del lanzamiento de los bloques de hormigón, que se produjo el 25 de julio, deambuló con más pena que gloria por las escaletas de los informativos y los diarios. Pasaron diez días hasta que se empezó a dar una alta relevancia al asunto, debido a la queja de David Cameron, Primer Ministro británico, por el aumento de los controles en la Verja, y la consecuente reacción del gobierno español. A partir de ahí, la escalada de declaraciones fue en aumento hasta que el día 13 saltó la noticia de que el Gobierno sancionaría el bunkering en Gibraltar, y el día 16 se supo que España había presentado una nota verbal de protesta por la construcción del espigón de la cara este del Peñón. En medio tres portadas del ABC y La Razón (que se pueden ver comentadas aquí y aquí), una haciéndose eco de dicho espigón, y dos refiriéndose a que el Gobierno británico estaba “estudiando seriamente” adoptar acciones legales “sin precedentes” contra el Ejecutivo español por los controles adicionales puestos en marcha en la Verja, algo nada sorprendente ni escandaloso.

María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, a su llegada a la Audiencia Nacional el pasado día 14. http://http://www.lavozdegalicia.es/

María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, a su llegada a la Audiencia Nacional el pasado día 14. http://www.lavozdegalicia.es

Arenas y Cascos, ex-secretarios generales del PP, a su salida de la Audiencia Nacional el pasado día 13. http://http://www.larazon.es/

Arenas y Cascos, ex-secretarios generales del PP, a su salida de la Audiencia Nacional el pasado día 13. http://www.larazon.es

¿Es proporcional tanto despliegue político y mediático? Si, si tenemos en cuenta que, “casualmente”, durante esos días declaraban en la Audiencia Nacional como testigos del Caso Gürtel-Bárcenas tres de los últimos cinco secretarios generales del Partido Popular, Francisco Álvarez-Cascos, Javier Arenas y María Dolores de Cospedal, además de Cristobal Páez, sucesor de Bárcenas en la gerencia del PP, y que admitió cobros en dinero negro. Los demás, o no sabían, o lo habían olvidado, o no dependía de ellos. Es muy interesante el análisis que realiza Ernesto Ekaizer entrelazando los dos asuntos.

Por lo tanto, la nueva crisis en Gibraltar se ha enarbolado en busca de conectar con los instintos nacionales y aglutinar al votante de derechas tradicional, con el objetivo de hacer olvidar, al menos temporalmente, la corrupción en la que nada el Gobierno de Rajoy, y la miseria a la que está conduciendo a este país. Todo queda perfectamente resumido en este twitt de Víctor G. Millet:

Nada nuevo bajo el sol al sur de los Pirineos.

La visión de Manel Fontdevila. http://www.eldiario.es

La visión de Manel Fontdevila. http://www.eldiario.es

Un poco de Historia.

Mucho se ha hablado de este pedazo de tierra, llamado Peñón de Gibraltar, situado al sur de la Península Ibérica, en un punto geoestratégico clave de acceso al Mediterráneo, que tiene el estatus de Territorio Británico de Ultramar, y que es una eterna reclamación del nacionalismo español (como vemos aquí o aquí). Y eso que ya ha llovido desde que Felipe V cediese en 1713, en virtud del Tratado de Utrecht, “a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas (…) con entero derecho y para siempre”. Acababa de finalizar la Guerra de Sucesión, y el primer rey Borbón de España tenía otras prioridades, como asentarse en su propio trono sin que le moviesen la silla, o asegurar un monopolio no completo del comercio con América. Poco años después sucedió el fracaso del Gran Sitio de Gibraltar, tras el cual, y durante más de 200 años, el Peñón creció tan británico como hermanado con España, salvo algún conflicto puntual en el siglo XIX.

No fue hasta los años 60 del siglo XX cuando se convirtió en el problema que es ahora. Por aquel entonces, el dictador Francisco Franco, que necesitaba entregar nuevos objetivos al nacionalismo español, llevó el asunto gibraltareño ante el Comité de Descolonización de la ONU, cuya Asamblea General invitó “a las dos partes a que continúen sus negociaciones, teniendo en cuenta los intereses de la población” de Gibrlatar, según la resolución 2231 de 1966. Británicos y gibraltareños apelaron entonces al derecho de autoderterminación, y organizaron un referéndum en 1967, en el cual ganó de manera aplastante la opción de permanecer bajo soberanía británica. A partir de ahí los hechos se aceleraron. La ONU lanzó una nueva resolución condenado la celebración del referéndum, y rechazando la destrucción total o parcial de la unidad nacional, y Reino Unido respondió otorgando una constitución a los gibraltareños por la cual transfería al Ejecutivo local todos los asuntos de gobierno, salvo la diplomacia y la defensa. El gobierno franquista no soportó semejante demostración de democracia, y suprimió las comunicaciones terrestres entre España y Gibraltar, una decisión nefasta pues, como dice aquí Ramón Lobo, “España no solo perdió el Peñón, el puerto y demás, también perdió a los gibraltareños. La generación que hoy dirige el Peñón creció en el aislamiento. Con la verja cerrada se perdió el idioma, ganó el inglés”.

La Verja no se abrió hasta 1982, lo que no hizo que dejasen de surgir crisis periódicas, como la que ahora nos ocupa.

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