Historia de una tragicomedia europea. Una crónica del desastre europeo en Chipre.

Últimamente, la historia de la alta política europea, lejos de servir de guion para intensas películas como Margin Call, sería una buena base para films del tipo Aterriza como puedas, si no fuera por el tinte trágico que le otorga el hecho de que las sobreactuadas representaciones de los dirigentes europeos e internacionales afectan de manera desastrosa en la vida de sus conciudadanos.

La última representación, La tragicomedia chipriota, comenzó en la mañana del sábado 16, cuando se supo que una de las condiciones que imponían el Eurogrupo y el FMI a Chipre, a cambio del rescate de 10.000 millones de euros, era que realizara una quita a todos los depósitos bancarios del país, amán de las habituales “reformas estructurales”, “consolidaciones fiscales”, privatizaciones y demás memeces eufemísticas que siempre significan lo mismo: más recortes en las condiciones de vida de los ciudadanos. La quita en cuestión se estableció como un impuesto extraordinario –vamos, una confiscación de las de toda la vida- del 9´9% en los depósitos superiores de 100.000€, y del 6´75% en los inferiores, con el pensamiento de recaudar 5.800 millones. Esto suponía que ya no quedaban garantizados los fondos de los pequeños ahorradores, como establece la propia UE, y al preguntar por ello a los clarividentes líderes europeos, estos hablaron de que era “una situación especial”.

¿Quién era el culpable de que se hubiese llegado a semejante situación especial? Pues ni el Estado, con unos bajos niveles de déficit y de endeudamiento público, ni los chipriotas, con unos niveles aceptables de endeudamiento. Los culpables son el puñado de ejecutivos que dirigían los dos principales bancos del país, que para enriquecerse sobredimensionaron sus instituciones, hasta que el sector financiero multiplicó por cinco el tamaño de la economía del país, recibiendo el dinero de multimillonarios rusos, y de asustados y empobrecidos griegos, e invirtiéndolo en hábiles operaciones internacionales, como comprar deuda griega. Ya se pueden imaginar el agujero. El caso es similar al de Islandia, con la diferencia de que Chipre está en la UE, y en la UE no se gobierna para los ciudadanos.

Y volviendo a los sufridos chipriotas, y como es lógico, al conocerse la noticia acudieron a sus cajeros a sacar todo el dinero que les dejasen, mientras gobiernos de toda Europa, con el español a la cabeza, comenzaron a espantar los fantasmas del contagio. Incluso alguna irresponsable, María Dolores de Cospedal concretamente, se ufanaba, pues “ya no se habla del rescate español”. Ya saben, mal de muchos…

Mientras tanto, se buscaban los malos de la película para que se comprendiese porqué se quería aplicar esta suicida medida. Y los malos, como en las películas sobre la Guerra Fría, se encontraron en Moscú, tratando de trasmitir que la mayor parte de la factura la iban a pagar los mafiosos rusos que habían utilizado los bancos chipriotas como se de una lavandería gigante se tratase, obviando dos cosas: que la mayoría de los inversores rusos no son mafiosos, y que también se llevaban por delante a los pequeños ahorradores de la isla, junto con algún que otro pequeño ahorrador griego. Eso sí, como todo había sido planeado con nocturnidad y alevosía, la posible fuga de capitales ya había sido cortada gracias a la colaboración  del gobierno ruso.

Y así transcurrió el día 17, que acabó con unas autoexculpatorias declaraciones del Presidente de Chipre, Anastasiades, en las que afirmaba rotundamente: “No es lo que queríamos. Me chantajearon. Opté por la opción menos dolorosa”. Algo que pareció corroborarse horas después, cuando salió la noticia de que el FMI y Alemania habían tenido más sed de sangre. ¿Y de dónde sale esa insaciabilidad? Pues al FMI le viene de serie, ya que no ve ciudadanos, ve números y cuentas que cuadrar. Mientras tanto, a Alemania se la provoca la cercanía de las elecciones, pues después de colar que sus ciudadanos no tenían que pagar nada en esta crisis, pues su banca era magnífica, para después vender que sí, que tenían que pagar algo, pero que era por culpa de los vagos y manirrotos mediterráneos (no voy a entrar aquí en el hecho incontrovertible de que en el centro de todas las burbujas y problemas financieros que hay en Europa está una muy enriquecida banca alemana); después de todo eso, al indignado pequeño contribuyente alemán iba a ser difícil colarle, por parte de Merkel y Schaeuble, su férreo ministro de Finanzas, otro regalo a esos desarrapados del sur. Además, la jugada es de un cortoplacismo perfecto, pues cuanto más se debiliten las instituciones financieras y las deudas públicas del sur, más se empoderarán las alemanas, vistas como valores refugio. De lo que pasará cuando todo sea tierra yerma alrededor de Alemania nadie habla en Berlín.

Pero claro, como el escándalo ya estaba servido en forma de titulares que hablaban de corralitos, nadie quería ser el lobo feroz que se comió a los chipriotas, lo que llevó a Schaeuble a encender el ventilador a primera hora del día 18, ayer, al decir que Alemania no quería imponer la quita en los depósitos de los ahorradores chipriotas, que eso había sido cosa del Gobierno de Chipre, de la Comisión Europea y del BCE. Ellos, los alemanes, Añadir objetosolo querían el aval del dinero, y como se repartiese el pago ya no era cosa suya. Ya era lunes, y los mercados financieros recibieron la noticia con bajadas de índices bursátiles y subidas de primas de riesgo –alguien habrá ganado mucho dinero con estos vaivenes-, mientras los bancos chipriotas estaban cerrados por fiesta. Qué casualidad.

Por supuesto, aún nada era seguro, pues la medida debía ser aprobada por el Parlamento de Chipre, y se seguían negociando las condiciones definitivas, que ya parecía que suponían una marcha atrás, con el objetivo de paliar el revuelo levantado. En esos momentos se hablaba de una quita del 3% para los menores de 100.000€, y del 12´5% para los mayores. Y había margen para que siguiera la tómbola de porcentajes, pues el Gobierno chipriota iba retrasando tanto la votación, como la apertura de los bancos –ésta hasta el jueves-, seguramente porque a alguien le vino a la cabeza las imágenes de los argentinos a las puertas de sus entidades financieras hace más de una década.

Ya por la tarde, con protestas en las calles y peticiones de salida del euro en las bocas, el Eurogrupo dio marcha atrás y aconsejó a Chipre excluir al pequeño ahorrador de la quita, algo defendido por el Gobierno español (Cuando veas los depósitos de tu vecino cortar,…), empleando criterios de progresividad. Eso sí, los 5.800 millones de € tenían que seguir saliendo de los depósitos asentados en el país.

Finalmente, a última hora de ayer la UE aceptó excluir a los depósitos de menos de 100.000€ de la quita, dejando todo el peso de esos 5.800 millones en los superiores a 100.000€, para evitar el estallido social que ya se masticaba, y la crisis de deuda a nivel europeo que ya se respiraba. Eso sí, con los autoparabienes que siempre siguen a estos sainetes que montan los dirigentes europeos, cuyas decisiones siempre son las mejores posibles frente a otros escenarios de los que nunca se habla.

Y así acabó la última representación de la alta política europea, que nació abocada al fracaso, y que no defraudó en ese punto. Fue otro fracaso más de quienes dirigen los destinos de este continente.

20:30. Actualización: Apoteósico final. El Parlamento chipriota rechaza el rescate

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One response to “Historia de una tragicomedia europea. Una crónica del desastre europeo en Chipre.

  • NACHO

    Genial, este es el punto de vista que hay que tener, ya está bien de soportar al IV REICH comandado por Merkel

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