La democracia anulada (homenaje a Stéphane Hessel).

“De verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobierna los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?”

Stéphane Hessel, fallecido ayer, lanzó estas tres preguntas retóricas hace algo menos de tres años, en su maravilloso libro ¡Indignaos!, y los acontecimientos actuales acaecidos en Europa las hacen más presentes que nunca. En estos días Italia centra toda la atención política. Una Italia que, tras los bochornosos años del bunga-bunga berlusconiano, sufrió la imposición desde estancia europeas de un Ejecutivo tecnócrata, dirigido por el excomisario europeo Mario Monti y apoyado por el Presidente de la República junto con todas las fuerzas políticas presentes en la vida política italiana desde Tangentopoli. Dicho gobierno aplicó con toda su crueldad la agenda neoliberal de recortes impulsada desde Berlín, que tanto defiende los intereses de los mercados financieros.

Y así todo marchaba como Merkel había previsto, hasta que los problemas judiciales que acorralaban a Silvio Berlusconi le impulsaron a intentar tomar el poder una vez más, para lo cual retiró el apoyo parlamentario a Monti y sus tecnócratas, forzando su dimisión y la consecuente convocatoria de unas elecciones legislativas.

Esta democrática llamada a la participación ciudadana se llevó a acabo entre el domingo y el lunes pasados, con unos resultados, por todos conocidos, que aquí no van a ser pormenorizados.

Solo voy a destacar un dato: el austericidio ejecutado por Monti ha sido condenado democráticamente por sus conciudadanos, que solo le han otorgado un pequeño 10´56% de apoyo popular, poco más de tres millones y medio de votos sobre un total de más de treinta y cinco millones de votantes.

Más claro, el agua.

Y, sin embargo, desde Bruselas no entienden el mensaje, pues mientras que los ciudadanos italianos han rechazado en las urnas sus políticas de recortes, las declaraciones que llegan desde la capital europea, con la pequeña excepción del presidente del Europarlamento, Martin Schulz, inciden en las misma idea: no importa quien gobierne, las reformas estructurales (conocido eufemismo de austeridad y recortes) aplicadas por el gobierno Monti deben continuar. The show must go on, como escribió Brian May para Freddie Mercury.

Es decir, no importa lo que los italianos hayan votado, pues se seguirá haciendo lo que manden los burócratas europeos, puestos al servicio de la revolución conservadora de Angela Merkel, y de los intereses de los mercados financieros. “La democracia está secuestrada”, como afirmó José Saramago.

¿Existe algo más antidemocrático? ¿Es posible mayor ceguera política? ¿Le sorprende a alguien el grado de desafección que sufren tanto las diferentes instituciones representativas nacionales como las europeas?

Si los dirigentes europeos siguen por este camino acabarán forzando a sus conciudadanos a que elijan entre Europa o la Democracia.

Triste elección.

Para acabar, no me resisto a citar una segunda vez a Hessel, quien escribió que “los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no pueden claudicar, ni dejarse impresionar, por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia”.

Descanse en Paz.

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