Esperanzas para un padre.

Casi todos los días, desde que vivo fuera de casa, hablo por teléfono con mis padres. Las conversaciones son, en su mayoría, triviales. Pero la del lunes no fue así, pues mi padre, un simpatizante PSOE de toda la vida, desde la clandestinidad de la época del Caudillo hasta la actualidad, un hombre sincera y sencillamente de izquierdas, estaba profundamente desanimado, pues vio los resultados electorales del domingo como una catástrofe.

-“La derecha nos va a gobernar toda la vida, hijo”-, me dijo, desesperanzado.

-“No hay solución, nos van a llevar al pasado, y nos estamos dejando”-, afirmó con rabia.

Su PSOE de toda la vida, la única alternativa a la derecha que él ve como plausible, se está hundiendo ante sus ojos en el más profundo de los abismos, y gente como mi padre no ve el fin, ni la solución.

¿Cómo podía animar a mi progenitor? ¿Qué decirle? Entonces decidí mostrarle la verdad. Esa verdad, mi verdad, es que este PSOE ya no es el partido de izquierdas que él conoció, pues vive preso, como el PP, de los bancos, a los que considera intocables –“La paciencia con los bancos es infinita”, en palabras de Pepe Blanco a Miguel Sebastián (a partir del minuto 11:40 de esta entrevista de Jordi Évole a Sebastián)-, y a cuyos miembros indulta. Es un partido que en la oposición despliega una retórica progresista vacía, pero que cuando estuvo en el poder abrazó las políticas neoliberales de recorte a la misma velocidad que Zapatero dejó de ir a la fiesta de Rodiezmo. No es, por lo tanto, una cuestión de confianza, como dice la señora Valenciano. Es una cuestión de personalidad. Gente como mi padre no ha perdido la confianza en el PSOE. Lo que les pasa es que no reconocen al PSOE, perdido en su mar de mil definiciones, de querer ser todo y nada a la vez, de querer estar al mismo tiempo con el 15M y con Bruselas y Berlín.

El PSOE se seguirá hundiendo, mientras se busca a sí mismo, en ese profundo abismo, y la gente, ahogada por la austeridad, no puede, no debe, esperar a que resurja, si es que lo hace. Pero las nuevas opciones de la izquierda aún se ven lejanas, pues todavía hay miedo. Un miedo inconfesable a que las alternativas por la izquierda del PSOE sean puras quimeras. Y no hay porque tener ese miedo, y mucha gente lo ha perdido ya, como nos demuestra el crecimiento de la izquierda alternativa, tanto en Galicia como en el País Vasco, a la que solo penaliza su división. Debemos tener claro que es posible una salida a la crisis que no utilice una política económica austericida, solo hay que tener el valor de implementarla.

En definitiva, lo que le dije a mi padre es que el PSOE nos ha abandonado a todos, de izquierdas o de derechas, como una alternativa política progresista en una sociedad democrática, y tenemos que buscar nuevas esperanzas de futuro en la izquierda real.

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