Y al día siguiente, Rajoy resucitó de entre los muertos.

Mariano RajoyEsa es la primera conclusión que ha sacado la mayoría de la prensa, y por supuesto el Partido Popular, del resultado de las elecciones autonómicas celebradas ayer en Galicia y en Euskadi, unas elecciones presentadas como plebiscitarias por toda la oposición, pero con matices: mientras que para el PSOE el único argumento aportado era la inoperancia del rival, sin presentar una alternativa, la izquierda (anótese que a día de hoy no incluyo a los socialistas entre la izquierda) en su conjunto si presentaba alternativas. Eso si, cada uno a su rollo, unos más soberanistas, otros más social y clasistas.

Volviendo al tema de la resurrección, la victoria gallega de Alberto Núñez Feijóo (a quien ya se ve como el delfín hasta el fin) parece que ha resucitado de entre los muertos políticos a Mariano Rajoy, por lo menos temporalmente, puesto que a este ritmo le quedan un rescate y dos telediarios. Y es que lejos de ser aplastante el refrendo que le han dado los gallegos, observando que ha ganado tres escaños más, esa subida es solo atribuible a los milagros generados por la ley electoral, pues en realidad ha perdido 135493 votos, es decir, que un 17´16% de personas han dejado de votar al PP en Galicia. Si lo sumamos a la sangría que se ha dado en Euskadi, donde ha perdido 16241 sufragios, tenemos una caída del 16´21% entre las dos comunidades, con respecto a los votantes que tenía en esos lugares en 2009.

Para entendernos mejor, y hablando en positivo, las políticas del Partido Popular han sido avaladas por un 28´43% de los gallegos, y por un paupérrimo 7´59% de los vascos. Y pese a la tozudez de los números, desde Génova, como demuestra su panfleto oficial La Razón, en un canto unánime, han alzado sus voces para gritar ¡milagro!, ¡los españoles apoyan nuestras reformas!… ¿Unánime? Unánime no, pues la bajada de Basagoiti propiciará que los halcones afilen sus picos contra una política pop que nunca han sentido como propia. Una caída que deberían atribuirse, en lugar de lanzarse al cuello de dirigentes como Oyarzábal, pues es su política de confrontación e incomprensión, de asimilación de independentismo con terrorismo, la que ha propiciado tanto parte de la caída del PP de Euskadi, como parte de la subida de EH-Bildu, en un efecto de retroalimentación de los extremos, que ya ha dado réditos a la izquierda abertzale ahora, iguales que los que espera recoger en un futuro el ala dura del PP en Madrid.

En conclusión, y como diría el dicho popular, “milagros a Lourdes”. Los votantes de Galicia y Euskadi no han refrendado la política de recortes de Mariano Rajoy. Solo una lectura torticera de los resultados puede llevar a esa conclusión, con la inestimable ayuda de la ley electoral, y la inexistencia de una alternativa real, sólida y única. Y así lo leerá la sociedad, que mantendrá su lucha contra esta injusta salida de la crisis, contra este sistema que ya no funciona, hasta que sea escuchada.

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