La auténtica generación Ni-Ni, la LOMCE y el Ministro de Educación.

Ya ha sido confirmado. Se ha perdido el respeto a la juventud, lo que genera como consecuencia lógica que se tira por la borda al futuro. Al menos, a un futuro en libertad y democracia, distinto de este presente en el que la libertad vive coaccionada, y la democracia secuestrada.

Para acabar con este estado de la cosas, y ser auténticamente libres, la base debería ser una educación fundamentada en la formación del pensamiento crítico de cada individuo, sustentada en una flexibilidad que permita crear esa individualidad, que actualmente es violada desde que entramos en el parvulario. Crear un sistema educativo moderno, que respete y fomente la creatividad y la pasión de cada persona, impulsando sus cualidades e intereses, debería ser la labor primordial de esta sociedad, si quiere mirar con esperanza al mañana.

Pero no se está realizando dicha labor. Mientras tanto, indicadores como el fracaso escolar no hacen más que aumentar. Y aquí estoy de acuerdo con José Ignacio Wert, pese a que sea su segunda prioridad, en que es un problema al que hay que poner solución. Sin embargo, sus soluciones, que viven ancladas en el pasado en lugar de caminar hacia el futuro, no podían estar más equivocadas. Pues la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) es solo eso: la aplicación de viejas recetas con la esperanza de que solucionen venideros problemas. La implementación de la reválida solo muestra la desconfianza en el profesorado y en la enseñanza y evaluación continua, y la puesta en valor de la memorización como fin. El refuerzo de las asignaturas instrumentales, en detrimento de las optativas y de las horas de humanidades, remarca el objetivo de homogeneizar a la sociedad, de crear, citando a Charles Chaplin, “hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas”, enseñados a calcular y obedecer, pues la ética, la historia, las artes y la filosofía, que fomentan el espíritu crítico y riegan la inteligencia emocional, son las grandes olvidadas de todas las leyes educativas. Mientras tanto, y en una auténtica paradoja, se obliga a los alumnos a elegir antes su futuro. Antes y con menos armas en sus manos. Una gran forma de confundir y desmotivar a los adultos del mañana.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que todos y cada uno de nosotros somos diferentes, y de que no podemos ser educados con los mismos ritmos y con los mismos patrones, cómo si de una cadena de montaje se tratase?

Pero el problema no acaba en la respuesta a esa pregunta. La LOMCE, aparte de conformar un sistema educativo de los años 50 para enfrentarse a los retos del siglo XXI, nace en medio de la escasez de recursos. Compremos esa falacia de que no hay dinero para invertir en educación. Pero lo que es intolerable es que se rían de nosotros, como ha hecho Wert cuando, ante la drástica reducción de las ayudas para la compra de libros escolares, ha recomendado a los padres que los reciclen. ¿Reciclar? ¿Hasta que punto quiere este hombre degradar a la educación pública, y a las cada vez más amplias clases desfavorecidas? ¿Cómo reciclan las familias con hijos únicos? ¿Y aquellos cuyos vástagos se saquen varios años? ¿Se imaginan una clase en la que los niños posean múltiples ediciones del libro de texto? ¿Qué educación damos a los niños que tengan entre sus manos textos tan reciclados como desfasados? La estupidez soltada por el señor Ministro fue tan grande que solo genera preguntas.

Pero esta no es la única perla de Wert que me ha llegado al alma, pues también ha pretendido vendernos el incremento de las tasas universitarias, y el paralelo descenso en las becas, como el necesario endurecimiento de unas, hasta ahora, supuestamente laxas condiciones educativas que solo fomentan la vagancia, pues para el señor Ministro es lamentable que solo un tercio de los universitarios acabe la carrera sin repetir algún curso. Y aquí tengo que reconocer que ha dado en el corazoncito de una parte de la comunidad universitaria, como me ha mostrado una reciente conversación con un miembro del profesorado de mi facultad. Dialogando sobre las nuevas condiciones económicas de la universidad pública, dicha persona me aseguró que le parecen adecuadas, pues “no se puede vivir toda la vida en la universidad, ni de ella”, y además “el Estado no debe becar a quienes suspendan UNA asignatura, pues no hay dinero”. Cuando me sobrepuse de esas, a mi entender, irreflexivas palabras, le expuse frente a su primera aseveración que no deben pagar justos por pecadores, y frente a la segunda que la gente tiene problemas personales, crisis individuales, enfermedades, trabajos, y una larga lista de asuntos que te pueden llevar a suspender una o varias asignaturas, y que con las condiciones que se están imponiendo solo se genera que existan dos tipos de alumnos: los que necesitan una beca, y los que no. Los segundos afrontarán las calificaciones con el colchón de tranquilidad que proporciona la disponibilidad económica, mientras que los primeros lo harán presionados y sobre-estresados porque necesitan ese apoyo económico. Y lo que me contestó a todo esto este profesor universitario fue un sobrecogedor “así es la vida”.

Así es la vida. Han erradicado nuestro derecho a equivocarnos, a tener una vida plena y llena de experiencias, y a vivir segundas oportunidades. Voy a citar por última vez a J. I. Wert, cuando asegura que ve lamentable que la tasa de abandono universitario sea del 30% (la realidad es que es del 12%). ¿Y que hace para solucionarlo? Endurecer las condiciones económicas de entrada y continuidad y la educación superior, cuando lo que se debe solucionar es la terrible falta de motivación que sufrimos los jóvenes de este país, toda vez que está muerto y enterrado aquel manido “estudia mucho y tendrás un trabajo en el futuro”, pues ya sabemos que ni siquiera habrá futuro, y que tras años secando nuestras pasiones y nuestra creatividad, nos vemos destinados a ser una auténtica generación Ni-Ni –entre otras cosas que analizaré en otro post-, sin trabajo, porque no le hay, y sin poder estudiar, porque dicen que no queda dinero, que encima ve como se degrada aún más la educación de quienes vienen por detrás.

¿No es todo esto suficiente como para revelarse?

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3 responses to “La auténtica generación Ni-Ni, la LOMCE y el Ministro de Educación.

  • El desastre de Wert. « Deseducado

    […] te repruebe solo diez meses después de jurar el cargo. Mi opinión sobre la LOMCE ya la expresé aquí. El respeto que me merece el ministro Wert, por sus formas y su fondo, aquí. Y aquí denuncié la […]

  • Radical, irresponsable y antisistema « Deseducado

    […] Llegado a este punto de perversión de los juicios de valor, creo que es útil aclarar al señor Ministro que el radical es quien habla de “españolizar” alumnos, no quien cree que todos deben recibir una enseñanza libre de adoctrinamientos; que el irresponsable es el ministro que promueve, a través de mentiras, una degradación progresiva de la universidad pública; y que el antisistema es quien pretende destrozar la parte del sistema que depende de él subiendo las tasas, eliminando las ayudas y reduciendo las becas, mientras conduce al sistema educativo español a encuadrarse en un marco más propio de los años 50 que del …. […]

  • La Revolución Conservadora en la universidad española. « Deseducado

    […] y del 3´77% para el 2013, lo que supone la conformación de un alumnado dividido en dos castas –como ya he mencionado en otro artículo-, los que están presionados por su situación socioeconómica, y los que no, con un claro […]

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